lunes, 22 de enero de 2007

recuerdos

Terminé de leer Las películas de mi vida. Me removió muchos recuerdos, sobre todo porque el personaje de la novela y yo somos contemporáneos, vimos prácticamente las mismas películas. Es lógico, si tomamos en cuenta que en nuestros países las grandes productoras estadounidenses dominaban y aún dominan la distribución de películas en nuestros cines.
Había olvidado cuánto me gustaba ir al cine, cómo mi hermana y yo esperábamos ansiosas cada estreno. Definitivamente, el cine forma parte de mi infancia y adolescencia.
Recuerdo también que esa época fue muy buena para el cine venezolano, vi muchas películas: País portátil, Soy un delincuente, Oriana, Macu, La boda y muchas otras más. Había un fuerte contraste entre nuestras películas y las que venían de Hollywood. Muchos criticaban a las películas venezolanas por sus temas sociales, por su lenguaje, por su enfoque, qué se yo. Qué mezquinos y torpes eran esos críticos, afortunadamente, la gente hacía caso omiso a estos comentarios y seguía viendo las películas.
Pienso en las salas donde vi estas películas y me entristece saber que la mayoría ya no existen, se transformaron en grandes tiendas de ropa o en sedes de iglesias evangélicas (instituciones boyantes en los noventa). Ahora sé lo qué se siente vivir en una ciudad sin pasado palpable, una ciudad donde se tienen que atesorar los recuerdos en la memoria, en las fotos, en los videos de cada uno de sus habitantes.
También recordé a los amigos, vecinos y profesores chilenos que conocí en las décadas de los setenta y ochenta. Nunca me atreví a preguntarles nada, todo estaba sobreentendido. Caracas era sólo un espacio de tránsito, mientras caía la dictadura. Más nunca los volví a ver, pero siempre pienso en ellos. Menos mal que en ese tiempo no podíamos imaginar que Pinochet iba a morir sin enfrentar la justicia e, incluso, con honores. La manera como se produjo el fin de la dictadura y la forma como se han comportado los gobiernos “democráticos” en Chile, nos hubiera parecido en ese momento, la trama de una película muy mala que nunca nos habríamos prestado a ver.

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